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lunes, 22 de marzo de 2010

Lost in your space

Me perdí por dos instantes.

El primero fué cuando ví tu rostro emerger de entre un mar de vacío y el segudo cuando reparé en el botón, que en una noche de promesas incumplibles, desabroché para amarte por dos largas vidas, la tuya y la mía.

Después te perdiste de nueva cuenta en el vacío y sólo me dejaste con una sonrisa, vestigio innegable de tu encanto.

Ntehni Ra Zaana

miércoles, 10 de febrero de 2010

Ma Framboise (midnight poem)

Cada vez que veo tus ojos
me pierdo en las promesas que
reflejan
sin importarme el saber que
jamás serán.

Cada vez que oigo tu voz
me ensordecen
tus fantasías de futuros compartidos,
aunque nunca se realicen.

Cada vez que tu piel me cubre
dejo que mi cuerpo se entumezca
ignorando que el frío me atormenta
cuando ya no está.

Cada vez que tu recuerdo me acompaña
comienzo a soñar que estamos enamorados
y que juntos la soledad apartamos
con dulces besos por la mañana.

Cada vez que recuerdo el aroma de tus senos
me pierdo en el color de tus ojos,
en la ternura de tu voz,
en la suavidad de tu piel
y lo increíble de tus promesas.

Cada vez que sé de ti
una sonrisa me ilumina el rostro
al pensar en lo que es,
lo que quiero que sea
y lo que nunca será.

Sonrío al saber que soy un secreto.
Tu secreto.

XRZ

sábado, 16 de enero de 2010

(Des) Oriente

Siempre he destacado lo caótico que resulta mi ciudad, y por lo mismo me resulta atrayente; sin embargo guardo un especial resentimiento en lo que se refiere a su zona oriente. Así como ud. lo oye, el oriente de la ciudad (pasando churubusco) me resulta una parte tan denesnable. Hay diferentes razones por las que puedo odiar esa parte de la ciudad, no niego que esos mismos factores existan en otro lado, pero al parecer en esa dirección todo no es de mi parecer.

No recordaba cuan desagradable me resultaban aquellos parajes abandonados hasta el día de ayer en que gracias a la depresión en la que me encuentro abordé uno de los camiones que, literalmente, rodean la ciudad. En un principio sólo apreciaba, desde mi ventanilla, las distintas calles por las que pasaba sin que tuvieran significado alguno. El trayecto resultaba fluido, sin contratiempos, ni tráfico; avanzábamos de acuerdo a la disposición del acelerador del conductor; que no era nada tímido.

Cual sería mi sorpresa que después de cruzar el eje central, a escasas cuatro cuadras, un ciudadano oriundo del oriente decidió rebasarnos. Obviamente sólo pudo colisionar en la parte frontal derecha del coloso móvil. Un letrero que dijera BIENVENIDO A ORIENTE hubiera resultado más apropiado, pero quién soy yo para cuestionar las tradiciones de la gente; si en el oriente resulta común recibir a los automovilistas con empellones de fibra de vidrio o aluminio (laminazos) no tengo escusa alguna para enjuiciar sus costumbres.

En fin la bienvenida resultó en un cambio de transporte, otro camión, y continuamos el trayecto. Cabe mencionar que todavía no concebía el hecho de estar en el oriente del D.F. Pero no paraba de quejarme acerca del tráfico, el sol que me pegaba directamente en la cara, el ruido de las bocinas de los automovilistas que lograban traspasar la barrera de sonido que implementaban unos audífonos y la música que se proyectaba directamente en mis oídos. En resumen se acumulaban las cosas que podrían molestar a cualquier persona.

Después de hora y media de estar esperando a que los conductures tuvieran una epifanía para que pudieran entender que si dejaba pasar de manera simultánea a los demás conductores, el estancamiento podría disolverse de manera paulatina, llegamos a la base del susodicho camión, al ser un circuito no había necesidad de bajarse pero el conductor creeyó prudente abandonar la unidad y ponerse a platicar con sus compañeros, de poder acompañarle lo habría hecho, el último trayecto resulto muy incómodo y hubiera disfrutado el desafanarme unos momentos de las incapacidades para maniobrar al volante de algunos"orates".

Después de largos minutos de espera, continuamos el trayecto y fué entonces que todos los recuerdos y resentimientos que estaban estancados en lo más recóndito de mi memoria comenzaron a desparramarse por la ventana.

La señal reveladora que detonó toda esa gama de recuerdos fué la cúpula de el palacio de los deportes y de cómo resulté caminando solo a mi casa después de un concierto muy placentero. Posteriormente llegamos a la delegación Iztacalco donde en algún momento tuve que regresar solo después de acompañarla, de igual forma en donde no pude obtener una plaza de trabajo por culpa de la insana afección que tuvo una expareja para retener mi identificación, recordé de igual forma que en algún momento me ví caminando bajo la lluvia con un ramo de rosas rumbo a mi casa. En otra ocasión por apostar a la aventura y decidirme ir a su casa y pedirle permiso a sus padres regresé solo, para no alterar la continuidad. Podría enlistar varios de los recuerdos que hacen del oriente un lugar non grato, no puedo sesgar los buenos recuerdos que de esa zona poseo pero en resumidas cuentas odio el oriente por aquellas experiencias desmoralizadoras que he tenido y en parte por sus respectivas causantes (enlistadas en orden ascendente):

-Ma Belle.

-Ma Framboise.

-Ma Noir Cerise.

XRZ

martes, 15 de diciembre de 2009

Ma framboise

"Tu boca es mi perdición,quiero perderme."
Christina Rosenvinge

Te escondiste detrás de esos besos tímidos y abrazos inseguros de serlo. No sabías que hacer, me veías calladamente pensando en no sé que. Te resguardaste en la sonrisa que me cautivaba y emprendiste una búsqueda de un pasado vivo. De entre la bastedad del pasado apreciaste el brillo de una atracción perdida, de una motivación herida. Encontré en el brillo de tus pupilas una mirada que logró nuevamente estremecer todo mi ser.

Exclamaste un gusto por mis delgados labios, mi sarcasmo y mi voz, mientras yo me perdía en el sabor de tus senos y adivinaba el aroma a frambuesas en tu piel. Te recostaste en mi pecho para poder escuchar los bombeos del corazón e imitar el ritmo de mi respiración. Tu cabello revuelto enmarco lo profundo de tus ojos color de miel bronceada y entonces supe de mi fascinación por tu beldad.

La mañana lentamente y resignada al paso del tiempo llegó a nuestra ventana. Entendí que la relación iba ser compuesta por despedidas y reencuentros.
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