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jueves, 15 de julio de 2010

Queja

Odio dormir a tu lado.
Odio sentir un confort,
sentirme aliviado.

Detesto arruyarme con tus ronrroneos.
detesto cobijarme con tus brazos,
compartir el sueño entrelazados.

Me incomoda el aroma de tu cuello.
Me incomoda la tersura de tu piel,
que me embriaga entre aromas y caricias.

Me fastidia tener que velar tus sueños.
Me fastidia tener que procurarte.
¿Por qué no me atrevo a dejarte?

No quiero dormir contigo más.
No quiero acostumbrarme a ti.
No quiero amanecer extrañándote.
No quiero amanecer buscándote.

martes, 15 de diciembre de 2009

Ma framboise

"Tu boca es mi perdición,quiero perderme."
Christina Rosenvinge

Te escondiste detrás de esos besos tímidos y abrazos inseguros de serlo. No sabías que hacer, me veías calladamente pensando en no sé que. Te resguardaste en la sonrisa que me cautivaba y emprendiste una búsqueda de un pasado vivo. De entre la bastedad del pasado apreciaste el brillo de una atracción perdida, de una motivación herida. Encontré en el brillo de tus pupilas una mirada que logró nuevamente estremecer todo mi ser.

Exclamaste un gusto por mis delgados labios, mi sarcasmo y mi voz, mientras yo me perdía en el sabor de tus senos y adivinaba el aroma a frambuesas en tu piel. Te recostaste en mi pecho para poder escuchar los bombeos del corazón e imitar el ritmo de mi respiración. Tu cabello revuelto enmarco lo profundo de tus ojos color de miel bronceada y entonces supe de mi fascinación por tu beldad.

La mañana lentamente y resignada al paso del tiempo llegó a nuestra ventana. Entendí que la relación iba ser compuesta por despedidas y reencuentros.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Rebel Night

-¿Qué pasó lindura, dónde estas?-
-... Por el árbol de navidad.-

Serían las primeras palabras de una velada esperada, en tanto la imposibilidad de las imposiciones de Otelo ante la diversión de la noche, ante la complicidad de la luna creciente como mi descaro. Sabía de antemano que las ataduras establecidas por la coeción de una relación tradicional impedirían la expansión de las sensaciones. Yo sólo sonreía, veía como te hundías, Ma Noir Cerise, en la incertidumbre y cómo él se enfurecía, fingiendo que mi presencia era indiferente y no causaba incomodidad alguna; pude desatar una tormenta y eso no sería novedad sin embargo no tenía ganas de batallar con el ego herido de un personaje colateral en esta historia (la mía).

-¿Entonces van o se quedan?-
-Mejor pásame la dirección de lo de al rato y yo te alcanzo-
-Todavía no la tengo, pero te la mando en cuanto me la pasen-
-¿Pero si vas a ir?-
-Sí-
-Bueno. los veo luego entonces-

Se quedaron, intetaban descifrar que iba a ser de su futuro. Me despedí con una sonrisa retadora.

Caminé por la avenida, con una actitud que hacía tiempo no tenía, una actitud de desdén por los demás, tener esa sensación de que todo lo puedo conseguir. Me comía la distancia a grandes pasos, nada habría de detenerme. Tenía que llegar a un encuentro con el pasado. Tenía que verla, en eso habíamos quedado. Llegué antes de lo previsto y tuve que esperar unas cuantas canciones en mis oídos. No estaba ansioso, ni nervioso, tal vez un poco curioso de saber como era ella ahora, saber cual era su apariencia. Me quedé con la duda, cinco canciones después de haber llegado mi pantalón comenzó a vibrar y a causa de los audífonos no pude escuchar las notas de "Y volveré" que anunciaría la cancelación de la cita de la siguiente forma:

'Lo lamento Sergio,no te voy a poder ver hoy.ojala podamos vernos luego.kuidate.adieu.'

No había explicaciones y sinceramente no las quería, sería entrometerme más de lo que necesariamente me interesaba. Curiosamente no mermo mi ánimo, realmente no importó. Pareciera que lo estaba esperando, que era parte de la cita.

Pasaban las canciones y yo estaba formado para entrar al foro, me dolía la espalda ya de la mala posición en la que me encontraba. Maldije mi enfermedad y el no traer cigarros para torturar a mi garganta y pulmones en lo que habrían la taquilla, para no aburrirme. Pasaban las personas de un lado al otro, se veían ansiosas por entrar y disfrutar de un rito de adoración, yo me aburría esperando un cambio de escenario. Mientras observaba a las exóticas bailarinas de el local de a lado ví pasar un rostro conocido y casi olvidado era "la catastrofe sentimental de mi hermano" (al menos una de ellas) de nombre Beatriz; de lejos intentaba reconocer mi rostro, ya no era el que ella había visto hace ya un hijo,le confirme su sospecha y le llamé a que me saludara (no lo hubiera hecho) al abrazarme no supe como no me ahogué en su colosal ego, me pregunto por esto y por aquello y le conteste sin mucho entusiasmo, realmente no se para que le hablé de haberse quedado en un saludo sería un mejor recuerdo. Se despidió, había más asuntos que atender. Seguí en la fila, esperando.

Abrieron la taquilla y la espera concluyó, nos dejaron pasar, nos contaron cual ganado y no me importó. Quería dar por concluida mi misión y disfrutar un poco de la música.

-¿Cuántos?-
-Uno-
-¿Con disco?-
-Disco y Vinyl-
-Sólo tengo disco, no hay vinyl-
-¿No hay vinyl? ¿Qué pasó?-
-No trajeron el vinyl, eso ya fue pedo de la disquera-
-Esta bien, entonces sólo dame el disco-

Subí al foro y me instalé a dos personas del escenario para el mayor goze posible del evento. Mientras se llenaba el lugar yo me acerqué a la barra por una cerveza, completamente merecida, después de adquirirla y cuestionarle a Vincent Van Rock sobre los vinyles regresé a mi puesto. Ls gente se conglomeró alrededor del escenario conforme el tiempo pasaba, yo no tenía espectativa alguna sólo disfrutaba mi cerveza y observaba.

Me encontré con un sombrero que simulaba la piel de una vaca, bajo éste ví unos ojos grises que al percatarse de ser observados desaparecieron cuando la mirada fue desviada al suelo. Pude apreciar de igual forma que muchas madres iban a compañando a sus hijas como chaperonas, ésto resultó muy gracioso para mí y disfrute mi solitaria estancia. El perfume de señora se mezclaba con el olor a cerveza y sudor de los hijos, era bastante desagradable. De pronto un cabello azul y morado cosquilleo mi nariz.

-¿No te importa si me quedo adelante? Es que allá hay un guey bien alto que no me deja ver-
-No hay problema (de todas formas ya estas adelante), ya estás adelante (eso no fue buen movimiento)-
-Sólo quería asegurarme que no me ibas a empujar o empezar a manosear para quitarme-
-No suelo hacerlo...sin consentimiento y definitivamente sería para lograr todo lo contrario (que diablos acabo de decir)-
-Esta bien-
-(seguramente se está aguantando la risa de la estupidez que acabo de decir)-

Pasaban canciones y parecía que la chica de cabellos "morazulados" (es un termino bastante precario, lo sé pero no puede denominarse de otra forma a ese color de cabello, bueno a esos colores de cabello) no voltearía de nueva cuenta. Dejé mi botella vacía cerca de una bocina y me percate del aroma de la chica, frutal, bastante discreto aunque tambien podía haber sido opacado por los doscientos cuarenta y siete perfumes más que estaban en convivencia y abrumaban mi olfato.

-¿Te gusta la XX (dos equis)?-
-Sólo la ambar-
-¡¿Hay Ambar?!-
-Si, en la barra, sólo tienes que pedirla-
-Ja! y yo tomando ésto (dos equis normal), ahorita vengo. ¡Te encargo mi lugar!-
-¡A la orden (y simulen el saludo militar de mano en sien)!-

Me agradó la actitud de ésta chica, decidida. Pude ver como se perdían esos cabellos teñidos entre la gente y también ubiqué al tipo que causo que la chica se plantara frente a mi. Me descubrí sonriendo instintivamente cuando ella regresaba.

-¿De qué te estás riendo?-
-De tí-
-¿Te causo gracia?-
- No me mal interpretes, me da risa tu actitud y no de una forma peyorativa. Sólo pienso que eres muy decidida y que no te importa nadie más que tú, al menos aqui y ahora-
-Pues sí-
-No te molestes, tengo la mala costumbre de decir la verdad-
-Eso es bueno-
-No siempre-
-Pero al menos eres honesto-
-Tal vez demasiado-

Su mirada se perdió en mis ojos por dos segundoas, trataba de analizar como es que alguien pudiera decir la verdad sin reparos. No es fácil hacerlo de todos modos, hay veces en las quue la gente cree que miento, ortas que sólo me burlo o que digo las cosas por decirlas (usualmente eso es cuando expreso los sentimientos varios que se generan).

-Me caes bien-
-... (¡Ah órale!)-
-¿En serio te gustan los Rebel?-
-Pues no me desagradan-
-¿Entonces a que vienes?-
-Venía por el vinyl para un amigo, bueno en realidad el me mandó-
-¿Entonces no querías venir o qué?-
-Pues no lo tenía contemplado, pero tampoco me desagrada-
-¡Me llamo Dulce!-

Una carcajada escapó de mi boca y ella se quedó extrañada. Mi miró con enfado y se dió inmediatamente la vuelta. Me senti avergonzado, pero fue una reacción espontánea.

-Dulce, no te molestes, no tiene nada que ver contigo-

No volteaba

-Dulce, yo conozco a una persona que se iba a llamar así y que me iba a acompañar hoy-

Apresuró el resto de su cerveza y no volteó. Error de mi parte, en fin mejor sería moverme del lugar. Comenzaba a buscar un lugar no tan alejado del escenario pero distante de la molesta Dulce de cabello morazulado.

-¿Tu burlas de mi y ahora te piensas ir?-
-Para no incomodarte, lamento que te hayas sentido ofendida pero realmente no tiene nada que ver contigo. Simplemente me pareció cómico el hecho de que te llames así-
-Mi nombre no es ningún chiste-
-Lo sé y me disculpo por la ofensa-
-¡No quiero tu disculpa!¡Quiero otra cerveza!
-Pues ve a comprarla, yo te cuido el lugar-
-No. Tu me ofendiste, asi que ve tú y yo cuido el lugar-
-Esta bien (nada tonta, me recuerda a alguien. No, son alguienes, me recuerda a alguienes: Una cereza oscura y una niña que se siente gato)-

Mientras me abría un sendero entre la gente pude vislumbrar a un integrante de la banda estelar de la noche, así que saqué el disco que se estrenaba hoy y le pedí que lo firmara con una dedicatoria a Jorge, aunque ese no sea mi nombre. Ahora sí, dos ambar y de regreso con Dulce, no puedo evitar sonreir ante las cosas que uno puede percatar de manera muy subjetiva. Gracias destino por compartir un poco de tu bizarro humor.

-Aquí está, pedí ambar-
-Gracias, disculpa aceptada-
-Sabes hacer negocios-
-Si tu lo dices. Pero no me has dicho tu nombre-
-No. ¿Lo quieres saber?-

Puso una cara de extrañeza, jamás le habían preguntado semejante cosa.

-No lo sé. Supongo que si-
-Sergio-
-Eres extraño-
-Soy único y por fortuna irrepetible-

Sonrió, tenía unos dientes muy blancos, normales en los rostros de las chicas. Una sonrisa llamativa.
...

martes, 3 de noviembre de 2009

Sabiduría surrealista de un sábado sin sentido.

Mi pecho estaba abierto, había sufrido una vivisección, el alma se me salía y el frío ocupaba su lugar. Desperté. No había nada en mi pecho, ni cicatrices. Sentía una opresión muy grande. No tenía fuerzas y las cpstillas dolían. Estaba inmóvil en mi cama, estaba inherte en mi cama. Súbitamente comencé a recordar: mi ilusión, la noche, tu beso ajeno, mi desilusión, mis celos, mi enfado, mi tristeza, mi desesperación, mi fallecimiento.

El coraje inundo mis venas y me dió fuerza para levantarme, desentenderme del mundo y de la pena. Estaba enfurecido comigo por habere permitido enamorarme así de ti. Estaba colérico por que sufría. Ardía mi sangre en sólo pensar que todo era predecible, de que de cierta forma era parte de mi apuesta: perder. Entonces decidí desquitarme con el culpable de mi malestar, conmigo.

Me vestí, busqué algunas cosas necesarias para no sucumbir ante la próxima tortura que habría de propinarme. Salí, el cielo estaba nublado, el suelo mojado y mis sentimientos destrozados. Llovía, era buena señal para mi. El trayecto fué rápido y el recorrido imperceptible. Recuperé mi anonimato en las masas, conformaba parte del ejército de almas conundidas, perdí mi sonrisa y en vez de eso adquirí una mirada sumida en la desesperación y el sinsentido.

Caminé por un rato para encontrar cual sería el punto de partida de mi cuerpo, dónde sería el lugar de inicio. No quería parar, prefería seguir caminando sin rumbo alguno y perderme en la vastedad de ésta tierra, olvidarme de mi y no encontrarme más que con la geografía de éste país, evitarme, dejar de pensar y convertirme en un fantasma corpóreo. No quería saber de mi. Sin embargo tenía un castigo que atender.

Encontré un lugar que serviría de puerto de donde zarparía el buque de la autoflagelación, pero mi equipaje resultaba estorboso, así que le pedí a una afable señora me asistiera con las pertenencias. De manera muy cordial aceptó. Le agradecí y comencé. Iba a correr hasta no poder moverme, hasta que se acabara el camino y un precipicio se presentara como salida.

Me puse al trote y pensaba en ti, pasaba la distancia y seguía pensando en ti. Me enfurecí. Aumenté la velocidad y tu recuerdo me mantenía el paso. La música, la música sería el vehículo de mi mente para perder a tu recuerdo. Aumente los decibeles. Seguías ahí. Irónicamente los himnos que algun momento dediqué a tu belleza me echaban en cara mi suerte. Le exigí más a mi cuerpo, quería purgar el dolor de mi alma con el dolor de mi cuerpo. Aumenté las exigencias.

Había recorrido apenas 5 kilómetros y mis piernas pedía descanso, también lo hacía mi alma; ninguno habría de obtenerlo. Dupliqué la distancia y la respiración era dificultosa debido a la fatiga y a la molestia de mis costillas al respirar. Continué. No quería detenerme, no hasta que mi memoria junto con tu recuerdo se hubiesen perdido, quería que quedaran rezagados y no volver a recorrer ése camino. Seguía corriendo.

Todo se apagó.¿Lo había logrado? ¡Lo había logrado! Me desafané del mundo terrenal; me había separado de la realidad y con ella de mi sufrimiento. Habí roto la separación de los planos de existencia. Que sensación tan extraña, donde antes estuvo mi cuerpo ahora tengo la sensación de un hormigueo. ¿Será esta la forma en que el alma se manifiesta al estar libre?

-¿Estás bien?-
¿Quién me habla? En verdad hay un ser que dispone de la suerte de los mortale y ahora me está hablando, mi falta de creencia en él va a traer problemas.

-¿Estás bien?-
-Fíjate si respira-

Son dos voces. ¿Respirar? No necesito respirar ahora, soy libre de esas ataduras.

- Si esta respirando pero no contesta.- Es la primera voz.
- Le voy a hablar a una ambulancia.- Es la voz que escuché después.
- Si, creo que se desmayó.-

¡Que descepción! No logré nada, sólo un desmayo. ¡Maldita sea mi suerte!

El dolor de nuevo llegó, se había quedado rezagado pero ya me alcanzó. Las piernas palpitaban. El pecho se enfriaba. La boca sabía a metal. Me voy a ahogar. Me voltean, no quiero abrir los ojos, no quiero regresar, estaba tan tranquilo conmigo mismo. Sangre, tengo sangre el la boca. Escupo, toso y tengo ganas de llorar. Haré las dos primeras. Más sangre, las costillas me indican que sigo en mi cuerpo. Me tranqulizo y respondo: - Estoy bien, gracias- pero no quiero abrir los ojos.

-¿Estás seguro?-
La verdad es que me estoy ahogando en un adepresión muy grande, pero no lo confieso. - Si gracias, ya estoy mejor, sólo me caí- me caí de una ilusión que estaba muy alta y el aterrizaje no fue muy placentreo que digamos.

(...)

lunes, 26 de octubre de 2009

Giroscopio de una historia (en tres actos).

I

Amanecía en el Zócalo y yo deambulaba por calles llenas de historias varias, buscaba refugio del hambre y del sueño, un lugar donde el descanso no llegara y pudiera tener los ánimos para proseguir el resto del día. Me detenía ante las promesas de un aroma que revivía el alma, el ardor de granos en una danza circular, intentaba vislumbrar un camino con mi olfato hacia el origen de dicho aroma. Giraba en las esquinas de acuerdo a la intensidad del olor en el aire y recorría sombras de edificios aún durmientes.

Logré profanar una guarida donde pude dar rienda suelta a mi necesidad de inspiración y comencé de nueva cuenta aquél libro que habla de tigres de bengala en una playa de Cuba y de los deseos de muerte que conviven con los de supervivencia. Sacié mi sed y mi hambre por unos instantes, tomé fuerzas necesarias para realizar mis más inmediatos anhelos, salí del lugar con un poco más de fuerza anímica y me dirigí al epicentro de las mismas calles, a la plancha del Zócalo, donde sabía que encontraría un cúmulo inpensable de frustraciones, pero mantenía la esperanza de que alguno de los muchos libros que vería estaría dispuesto a saltar a mis brazos para que le llevara a mi casa y fuese devorado por mi curiosidad.

Caminaba lenta y pensativamente, queriendo crear una nueva historia, un nuevo universo donde no tuviese que luchar contra nada que no pudiera vencer. Inmerso en fantasías mediocres. Un fantasma del pasado saltó a mi encuentro en esas calles tan hipócritamente remodeladas, personaje singular. Siempre me resultaba incómodo hablar con él, pareciera que buscaba afanosamente mantener una plática por insoportable que le resultaba el silencio, de carácter introvertido y con ademanes dementes, me consternaba y preocupaba. Llegaron veces en las que claramente le ví abalanzándose sobre mí para estrangularme, o convencerme de que le acompañe a un lugar donde mi cadáver estaría esperando.

Continué mi camino, ahora acompañado por una preocupación andante, nos dirijíamos "casualmente" al mismo lugar (hubo de cambiar su rumbo, o en todo caso su falta del mismo, para que concordara con el mío), preguntaba y yo respondía de la manera más corta que pudiese, casi monosilábicamente. Llegamos, y todo estaba silente, se comenzaban a ver pistas de actividad, de preparación para el evento próximo y sin embargo ese evento aún no estaba presente. Permití que mi acompañante se extendiera en explicasiones y preguntas mientras yo sólo anteponía un paso a otro. Con una clara visión de fracaso me invitó a visitar a un familiar a lo cual tuve que negarme y decir que yo partía decididamente rumbo a otro lugar. Me despedí y vi como por algunas cuadras me seguía para cersiorarse de que no mentía.

Busqué refugio y comodidad en algún lugar para averiguar donde se había quedado el Tigre de Bengala cubano.

Se conjugó el tiempo en pasado y yo me redirigí a mi destino primero, buscar algún libro que quisiera ser leído. No podía dejar que mi incomodidad de encontrarme, en un ámbito muy probable, de nueva cuenta con aquél fantasma, mermara el deseo de encontrar un acompañante de papel. Me paseaba entre los libros para que notaran mi presencia, para que advirtieran y analizaran si era yo el lector que esperaban. Las miradas se me escurrían, no resaltaba ante los libros, me miraban como se mira al semáforo, esperando el cambio de luz. Fué entonces que otro pasado encarnado me encontró, en forma de balance al encuentro anterior, ésta persona es agradable y resultó grato el reencuentro. A pesar de el gusto que resultaba escuchar opiniones revaloradas de una experiencia amplia, tenia una misión y no podía perder más tiempo, así que me despedí y me seguí mostrando a los libros.

Resignado al rechazo por los impresos, me alejé con cierto abatimiento. Entonces de entre las cajas de libros que aún dormían percibí la mirada esperanzada de uno y de inmediato me acerqué a cargarle y tranquilizarle, a prometerle que en la medida de mis posibilidades le llevaría lejos de esa prisión de cartón etiquetado. No cumplí mi promesa. Me alejé.

El universo gusta de entretenerse conmigo y el problema es que tiene un humor muy bizarro, pues ya cruzaba la calle cuando me encontré otra vez con éste asesino, que dibujaban mis temores, de aquél fantasma tan peculiar. Aunque ésta vez se vería igualar la balanza de desdicha con una llamada completamente inesperada, eras tú Ma Noir Cerise, salvándome del desagrado.

No me importó que haya resultado tu última esperanza, tu carta bajo la manga, tu último recurso. Acepté más que gustoso, en primera escuchar tu voz en un momento tan extraño pues creía haber olvidado o extraviado la cordura, y segundo que me invitaras a acompañarte.

II

Como llegué antes que tu belleza al lugar donde nos encontraríamos me acompañó Theo Uzcanga, quien me relataba la inseguridad de su soledad y recitaba versos de Francisco Hernández que conmovían mis más oscuros deseos. Después de unas cuantas páginas, Theo se disculpó y me dijo que tenía que despedirse pues iba a salir con la señorita MacLarty, y yo no quería obstruir la trama de la historia, así que despedí a Theo y le guardé en mi morral. No me percaté del movimiento en los relojes hasta que ví que unos guardias se retiraban a su merecida hora de comida. No llegabas. Busqué entre los caudales de rostros el tuyo, no me resultaría difícil ubicar el brillo de tus ojos, la carnosidad tentadora de tus labios o lo contagioso de tu sonrisa, en fin la armonía de tu rostro y la belleza que conlleva serían fáciles de ubicar entre tantas almas confundidas.

Pasaste abstraida en tu pensar y de forma imparable, bajando las escaleras te encontré junto a una víctima más de tu beldad. Partimos entonces al lugar de tu invitación. Era inevitable y demasiado notable vislumbrar la atróz diferencia entre tu y yo, por tu parte irradiabas emoción y hermosura (podía llamarte lindura y sería lo más cercano posible a la verdad), por la mía no lograba más que personificar el desgaste y la desesperanza, lo maltrecho de la vida misma; éramos opuestos, polos distantes.

Llegamos a la cima de la ciudad o al menos a una de ellas, de donde se podía apreciar la voracidad de una población urbana y la expansión de concreto y electricidad. Fuimos recibidos. Yo desentonaba y tu resaltabas. Una sonrisa invadió mi rostro demacrado.

Tu rostro cambió al ver a un infante, se llenó de ilusión. La madre te lo extendió en sus brazos y tu lo tomaste como uno de los tesoros más apreciados por la humanidad, lamentablemente la niña quería a su madre. Lloró. Cuando por fin pudiste estar cerca de la niña no parabas de mirarle y yo a ti. Nunca he tenido una buena relación con los niños tan pequeños y pareciera que ellos encuentran interesante mi actitud tan distanciada de ellos, así que no lloró y por momentos se me quedaba viendo. Tu fascinación por la niña era evidente y la madre se regodeaba en que fuese su hija, pude ver el orgullo que una madre porta entre brazos y los sacrificios que esto requiere. Tal véz me guste la idea de ser padre, sólo tal véz.

El silencio nos acompañó a la mesa por unos momentos y tu lo interrumpiste con una propuesta súbita: que te acompañara por el resto del día a que atendieras otro compromiso. Dudé. No estaba en condiciones. No tenía razón alguna para no aceptar. Acepté. Pero requería cambiarme la ropa. Expuse mi preocupación y aceptaste un desvió a mi casa. Me complaciste ese único deseo.

El frío mermaba mi condición, pero me mantenía despierto. Decidiste retirarnos. Nos despedimos y la buena ventura nos fue deseada en monedas de chocolate. Emprendimos el camino a mi casa y tu te agotaste. Al llegar pedí al chofer del taxi que me esperara, al entrar a mi casa atine a saludar y a cabiarme toda la ropa, despedirme y salir. Antes de que mis prendas tocaran el suelo, ya había nuevas cubriendo mi desnudez. Te regresé y agradecí la atención que habías tenido otrora al prestarme una prenda.

Rumbo a casa de tu tía no pude más, la emoción del día extirpaba de mi la poca fuerza que quedaba y yo pretendía brindarte mi ser hasta los confines de la Tierra así que decidí ahorrarla, y me recargué en tu regazo. Dormí por unos instantes. Me confesé sorprendido por adentrarme nuevamente en rumbos donde sentimientos llacían enterrados. Ésta vez entraba en las regiones de mi memoria con un torpe gesto que podría pasar por el nombre de sonrisa.

Al llegar me sentí intimidado por lo familiar que resultaba la reunión y lo ajeno que yo era. Entre risas e historias que me avergonzaban entablé conversación con tu familia, de menos la presente. Tu padre me causó conmosión, no fue lo imponente que quería verse o asegurarse de mi condición anunciada, fué el hecho de que compartíamos semejanzas.

(Entonces todo aquello que me relataste tomo sentido, esos conflictos que enunciaste se justificaron en el carácter de tu padre. Procura y busca proteger de cualquier daño a ti y a tu familia, sin embargo conoce cuales son sus limitaciones y le molesta no poder librarlas.)

Mantiene un espíritu joven y alegre, jovial. Pero se limita ante el extranjero, ante mi. Al ver a tus padres me percaté de que eras herencia de ambas partes, que tu hermosura era resultado de un amor latente entre ambos. Por ser festejo de cumpleaños y por una tradición tan arraigada en el inconciente histórico de nuestra cultura, hubo que culminar los protocólos del aniversario con un pastel. Después del pastel te paraste a bailar, fué entonces cuando me perdí entre la gracia y felicidad que se desprendían de ti al girar.

Miraba azorado como te movías y girabas, envidiaba tu gozo. Me percaté de que mi ineptitud para la danza se veía compensado con una capacidad única de apreciar tu belleza en movimiento, en plenitud. Deseaba acompañarte, deseaba que de alguna manera inesperada pudiera ser besado por Terpsícore y aprender las artes del baile. No se bailar. Permanecí sentado. Observaba. Disfrutaba verte, me enamoraba tu cadencia. Me enamoré.

III

Entre risas y dubitaciones, los restos de alegría se iban acentando en los sillones y muebles de la casa. Tu padre marcó la hora de partida y no se presentaron revoluciones ni escapes. Comenzó el ritual de despedida y extendí agradecimientos acompañados de una torpe sonrisa. Me pensé otra vez con cinco años, no sabía que hacer e imitaba lo que tú. Te seguía.

La incertidumbre de mi destino cayó en ese momento sobre mi, tenía la certeza de seguirte hasta lugares desconocidos por el conocimiento e incomprensibles por la razón, sin embargo existía un límite, un lugar sacro donde mi presencia podía resultar profana: tu casa. Podía refugiarme en la vida de la noche, pero no en su letargo; si bien entre la noche y yo existe un pacto de cordialidad, no lo es para con sus habitantes. Temí por dos eternos segundos.

Me dejé arrastrar por el aroma de tus cabellos y cual río, fluí.

Buscaste sacarnos del santuario a toda costa; raptarme del rapto que habías cometido horas antes. Querías perdernos en la noche y retar al día a encontrarnos. Pero a pesar de tus esfuerzos el guardían del recinto te lo impidió. Simplemente no.

Tu rostro de frustración causó gracia en mi. Puchero. Te sentaste junto a mi y cruzaste los brazos en ademán de reprobación por que no tienes lo que querías, mientras yo me reía en silencio de la escena que enmarcaba la luz de una lámpara. Pasado tu homenaje a un berrinche, comenzaste a platicar. Yo te oía embelezado por la tonalidad que adquirió tu voz en la penumbra. Nos interrumpió tu hermano para relatarnos la fantasía en la que estaba inmerso, fantasía que reconocí por haberla visto antes; me enteré de que te molestó no tener mi atención y por lo tanto mandaste a tu hermano a los brazos de Morfeo y nos mudamos de sillón.

Me otorgaste todo un equipo para dormir, me sorprendió que recordaras mis costumbres en el sueño. Reíste al brindarme un arma química para los nefastos mosquitos. Me instalé. Expresaste tu inconformidad con el final de la noche y te quedaste a platicar.

Me quité la camisa y me ofreciste una playera para cubrir mi impúdica desnudez, la acepté. Saliste de la habitación y reí un poco. No supe a bien si la playera tenía como función cubrirme o hacerte reír un poco, de igual forma me la puse y sirvió para ambos fines.

Teníamos compañía. Una pelusa enorme que se hacía pasar por felino, honestamente a mi no me convencía del todo pero tu estabas segura así que tuve que creer que era una gatita. Me resultaba familiar. Una curiosidad familiar, una mirada aprehensiva, una ingenuidad conocida. Me recordaba a alguien; más tarde averiguaría que me recordaba a la lindura que estaba recostada junto a mi.

Hablamos del pasado, del presente y de cosas tan efímeras como éstas letras que expresan mi sentir. Luchabas contra el cansancio y lograbas victorias por momentos. Yo luchaba de igual forma, pero no con el sueño, sino con mis deseos de acariciarte, de sentir tu cabello entre mis dedos y percibir el aroma de tu cuerpo; luchaba contra mi. Batallaba con la parte más siniestra de mi persona, aquella que busca satisfacer todo deseo sin importar nada, con una pulsión vampirezca.

Estaba en conflicto, por una parte podía ceder ante mis deseos y desatar una seducción; por otra parte quería mantener intacta tu hermosura, no quería cometer sacrilegio. Preferí dominarme. Escucharte y perderme en tu voz para no ceder. Sin embargo era latente esa infernal pasión. No quería convertirme en el demonio que puedo ser. Lograste tranquilizarme, ignorándolo. Conté anécdotas e historas que preguntaste, averiguaste que soy un errabundo. Por fortuna no sospechaste que soy un demonio.

Invité al pasado a ser presente en la sala y escuchaste de él la historia que no conocías y que preguntabas cuando habrías de conocer. Pronto comenzaste a arruyarte con tu propia respiración. Decidiste retirarte antes de que el alba te sorprendiera en la sala. Me cobije con tu aroma y dormí.

Amaneció nublado, al ver el cielo me alegré. Tengo una extraña fascinación por esos amaneceres tan melancólicos, me gustan. Al despertar estaba acompañado por (lo que tu crees que es) una felina. Por no molestar a nadie me aisle en la música. Más tarde saldrías con rezagos del reino de Morfeo, te recostarías a mi lado y yo me perderí en los latidos de un músculo mitificado: tu corazón.

La cotidianeidad hubo de llegar y asignar las tareas del día, lamentablemente lo cotidiano me repudia y yo lo emulo.

Agradeciendo la posada me retire y te acompañé. Al ver el cielo supe que no sería otra vez, pero me mentí. Me despedí. Al girar exclamaste -¡Gracias!-; ¿Por qué habrías de agradecer a un errabundo algo? ¿Por qué habrias de sentirte agradecida con un demonio? ¿Por qué agradecerías, tú quien toda la gracia posee? -No, gracias a ti- contesté.

(IV

Culminó así uno de los más extraños y deleitables días de mi vida. Pude escuchar de nuevo tu respiración en la tranquilidad de la noche, pude enamorarme de tu gracia, disfruté ser compañía. Agradecí equivocarme en la soledad. Te agradecí.

Me perdí entre las multitudes, pereo no recobré el anonimato de la masa. Desentonaba. Iba sonriendo.)


SZ

lunes, 5 de octubre de 2009

Ma Noir Cerise

CAZADOR
Soñé:
Le ví pasar, entre los tersos terrenos de tu piel.
Corría agilmente entre tus relieves, huía.
Me aventure a las suaves praderas, al valle,
y caminé durante días entre la sensualidad
de tu cuerpo. Busque de un lado y busqué
también del otro.
Olvidé al tiempo, lo mismo pasó con el hambre y
el cansancio. Perdido estaba en tus caderas
buscando a mi presa,siguiendo un rastro confuso.
Adentrándome más y más entre tu anatomía.
Llegué a los confines de tu espalda,
amplia y desierta, que como el mar,
a la Luna reflejaba.
Azorado esperé en silencio.
Algo insospechado esperaba, quizás
que súbitamente te encontrara.
La desesperación llegó a hacerme compañía,
la expulsé con gritos y llantos de la bahía.
Al verme extraviado en tu belleza,
decidí refugiarme de lo intempestuoso de tu carácter,
esperando a que volviera a brillar una sonrisa en el horizonte.
Pasaron así las vidas, buscando y perdiéndome
en tí.
Moría y nacía con el mismo día. Tan rápido era
el cambio que no me permitía aprender
la topografía de tu hermosura. No sabía.
No conocía la extensión de tu, lindura.
Me resigné a extinguir la existencia. Abandonado
en lo más recóndito de un cuerpo ajeno. Caminaba
por tu vientre para llegara tu ombligo y allí
hacer de él una tumba para todas mis esperanzas.
Quería ahogarme en tí y morir con caricias.
Vislumbré a mi presa bebiendo de tu ombligo
y se renovaron mis deseos. De manera sigilosa
me acerqué, ocultándome lo mejor posible.
A pesar de los esfuerzos, me descubrió
y se alejó de manera despavorida.
Rumbo al norte.
Transcurrieron un par de eternidades
antes de acercarme a la guarida de
mi presa. El trayecto fue extenso
y fatigoso. Agotado decidí permanecer
en la cuenca de tus pechos hasta el amanecer.
Veía a mi presa, descansando igualmente
en el acantilado que se forma entre
tus carnosos labios. Entonces me percaté
de que mi presa era un ósculo.
Una conversación entre lenguas silentes.
Mudo diálogo.
SZ


Si me besaras hoy
mis labios te sabrían a limón.
Si me besaras mañana
en ellos chocolate encontrarías.
Pero si nunca me besas
los labios a cobre te sabrían.
Si te besara hoy
mis labios arderían como carbón.
Si te besara mañana
a mis labios de miel bañarías.
Pero si nunca te beso
todos mis deseos se morirían.
Si te acariciara hoy
tendría que pedirte perdón.
Si te acariciara mañana
(siempre)
en los altos cielos flotarías.
Pero si nunca te acaricio
varias estrellas morirían.
Si me acaricias hoy
brillaría como luz neón.
Si me acariciaras mañana
(jamás)
en la vida te arrepentirías.
Pero si nunca me acaricias
los astros se perderían.
SZ

jueves, 17 de septiembre de 2009

Proposición Aventurada de una Mañana

Proposición Aventurera a una Mujer

Al compás de las gotas marcaba el paso de mi andar. Habrían de ser los primeros pasos hacía las desconocidas tierras del futuro en brazos del destino. Una euforia inundó mi cuerpo y provocó que mis pies quisieran evadir la gravedad para destrozar la distancia.

Pude escuchar de la lluvia las profecías que anunciaban una noche por demás duradera. Sonreí ante tal noticia y ansioso busqué entre las olas de rostros inigualables e irreconocibles, una persona que compartiera la promesa de la lluvia. Fue entonces cuando te ví, con esa mirada hechizante, observabas el pasar del tiempo y parecía que te incomodaba su lentitud. Me viste. Antes de hablarte tuve la oportunidad de observar a través de tan bellos ventanales de tu alma una alegria creciente, y cuando las puertas de tu verbo se abrieron salieron tus deseos con una gracia entonando las melodías más apasionantes y provocadoras que haya escuchado. Me solicitaste esclareser el futuro de la noche y torpemente respondí que faltaban personajes para nuestra aventura.

(Tu aroma. Tu aroma me envolvió. Tu sonrisa fue la carnada perfecta para que callera ante tu aroma. Me tomó por sopresa y me aprisionó. Sujetó mi razón y la arrastró por las zarsas prohibas de lo etéreo para después aventarla al barranco de lo real. De primera instancia todo era rosa, sin embargo después de recuperarme del todo pude distinguir que eras tu quien el rosa era. Guardé silencio y gasté cada uno de los instantes observándote; el mundo fú es y será a mi alrededor, pero yo no era del mundo por ese pequeño, infinito, silencio).

Atendiste mi petición de cobijo ante la lluviaa, me brindaste una armadura para combatir el frío y yo te lo agradecí. Nos encontramos con los demás guerreros, con otros deseos y otra ilusión de mi hermano en armas, del guerrero más formibdable, de Maggog. Subimos pues al carruaje escarlata que era tirado por caballos alimentados de ilusiones, deseos y esperanza. Nos adentramos en los terrenos de lo desconocido y lo pasamos de largo, tuvimos qe tomar un nuevo rumbo para poder llegara a una posada donde la euforía, la descepción y el desengaño convivían en una mesa.

El tiempo se perdió, no pudo acompañarnos en nuestra celebración. Así que aprovechamos su ausencia. Fue pues entre las risas, la euforía, las lágrimas ahogadas en la garganta de una guerrera y los himnos cantados a los amores perdidos que me percaté de que no podía desviar mi atención de la rosásea figura que enmarcaba tu sonrisa. Me di cuenta de que estaba atrapado en tu mirada, en un hechizo de tu alma. Intenté luchar y mantener mi postura ante la desventura que se desprende de la ilusión, intenté huir de tus brazos, escabullirme de tu aroma que me tenía atrapado; no lo logré y caí ante tu magnificencia.

Llegó el tiempo y de mal humor así que tuvimos que retirarnos a una guarida don el sol no derritiera las ilusiones forjadas de cera de luna. Caminamos por senderos maltrechos al lado de nuestro carruaje. Emulabamos a guerreros retirandose del campo de batalla.

Llegados a la posada había restos de un banquete y algunos de nuestros compañeros agradecieron a los dioses el saciarse tan rápido y permitir que pudieran saciar el hambre. Yo por otro lado lamentaba la herida sufrida, un ardor carcomía mi pecho deshacía mis entrañas así que me retire a continuar la batalla que ahora tení de escenario mis adentros. Escachaba al caballero Le Canit narrando nuestras hazañas y departiendo filosóficamente con Nietzche y Platón, habilidosamente demostró la torpeza de sus teorías y pudo concretar todos sus conocimientos de manera tan perfecta que el uso de la palabra resultaba grosero para exponer su teoría.

Quitaste el velo de mi rostro para alejar las manos de Morfeo, para asegurarte que tu dominio se mantenía vigente. Preguntaste si lo anterior era cierto y asentí. Mantuviste el cuestionamiento por un os momentos y luego aceptaste la invitación para poder descansar de la batalla, me ofrecí como el velador de tus sueños y aceptaste. Al aceptar ví como la cordura se retiraba por la puerta.

Súbitamente mis dedos comenzaron a tener independencia de mi pensar, se movían grácilmente entre tus cabellos, en las orillas de tu piel, buscaban un lugar donde descansar, resguardarse de mi negación. Mi respiración era una cuna formada de lo etéreo, tu descansabas en ella. Me ahogaba entre tu cuerpo. Tu pecho arrullaba a la mañana con un ronrroneo encantador. No era más que tu resguardo, todas aquellas caricias se perdieron y fueron muertas por el sol.

jueves, 11 de septiembre de 2008

I couldn´t love you more.

Ma Belle:
Durante mis sueños escuché el eco de tu voz, aquél que quedo atrapadoen mis recuerdos, al principio le desconocí por completo y le confundí con alguna no familiar, sin embargo al reconocer la calidez y alegría supe su proceder.

Rezaba sueños y cantaba ilusiones, aquellas que entonamos a dueto por un ínfimo momento de nuestras existencias. Recordé las melñopdías de ensoñación y fantasía logrando evocar una particular felicidad que se generó entre nustros abrazos junto con la pasión que emanaba de nuestros labios entrelazados.

Floté, lo que a mi parecer fueron vidas, canté con todos mis sueños una vez más, dándome cuenta de lo que fué estando a tu lado, percatándome de lo embriagado wque estaba con la calidez de tu ser y la ternura de tu alma. No podría tener mejor recuerdo en mi paseo por éste plano que el de la suavidad de tu cerpo coijando mius infantiles expectativas.

A pesar de lo bello y reconfortante que resultó, he tenido que despertar y continuar cobn la elaboraciónv de mi salvaguarda personal, de la confección de mii escudo. Sería imprudente reclamar como antes lo he hecho y a pesar de lo incómodo fué necesario para poder apreciar la totalidad de mi sentir. Ahora que he apreciado mis percepciones por completo, puedo agradecerte ´por darme un recuerdo que me acompañe a la tumba.
SZ
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